Crítica del álbum de OPETH “In Cauda Venenum“

Repasamos hoy el nuevo lanzamiento de “OPETH” que bajo el título “In Cauda Venenum” nos entregan un álbum sólido, repleto de melancolía y que puede ser el compañero ideal en este inicio de otoño.

Hace poco debatía con un amigo sobre Alan Moore. ¿Es realmente tan bueno o es que no se puede romper el protocolo hablando mal de él? ¿Existe algo de postureo cuando se trata de su figura? ¿De verdad no hace mal nada? Algo tiene que tener para poderle criticar pero lo cierto es que lees y lees y no encuentras flaquezas. Solo los pocos rociados con algún tipo de gracia sobrenatural se permiten el don de que cada una de sus obras pueda defenderse de una manera irreprochable. Opeth son unos de esos intocables, aunque también entran en esa categoría en la que, como a Moore, sus fans siempre le recordarán Watchmen o Blackwater park

Resulta algo incómodo tener que recordar que la banda sueca ha abandonado el galope hacia el death que los alzó y las voces guturales que les caracterizaron pero parece ser que continúa la necesidad de  comentar, habiendo tenido ya casi una década para la aceptación y asimilación, que la voz limpia no es algo anecdótico en la trayectoria sino un sendero que escogieron allá por el 2011 en su álbum Heritage y que no están dispuestos a abandonar. A menudo, pienso en aquella escena de Kill Bill donde Budd decía algo así como “si vas a comparar una katana de Hatori Hanzo, hazlo con cualquier otra katana del mundo pero que no sea de Hatori Hanzo” y es inevitable aplicar esa idea a la discografía de este grupo. Muchas son las páginas, reseñas y entrevistas donde hemos leído que Åkerfeldt va a continuar haciendo la música que a él le gustaría escuchar, la que le salga, la que le ayude a expresar lo que quiere expresar, sin “venderse” a sus propios seguidores y, a pesar de todo, Opeth sigue siendo Opeth, hagan un Ghost reveries o el In cauda venenum que es lo que nos trae en ciernes.

Ya hemos advertido en la banda numerosos guiños a otros grupos y canciones importantes para ellos y, en esta ocasión, el título del álbum obedece al de un tema de The dear hunter. A grandes rasgos, a lo largo del disco nos sumergimos en una especie de homenaje al rock de corte setentero coqueteando con elementos psicodélicos y el progresivo más clásico como ya hicieron en el citado Heritage pero también se aferran a dar una continuación lógica a su anterior lanzamiento (Sorceress), retomando esos acercamientos al jazz que tan bien se prestan a crear nuevos sonidos. Todo este mejunje se envuelve dentro de la característica oscuridad atmosférica que  los mantiene sin perder ni un ápice de identidad. Como oyentes asiduos, podemos percibir que In cauda venenum es un disco que se muestra mucho más compacto que los tres anteriores trabajos, donde la obra funciona como un mismo bloque –que si bien cada canción oscila hacia un terreno distinto, suenan creíbles como un todo muy concreto, algo que echaba en falta en sus álbumes previos– y que podríamos incluso llegar a catalogar como conceptual. La soledad, la muerte y el miedo a ésta, la búsqueda de redención y el paso del tiempo son los temas que se anexionan los unos a los otros y cimentan los pilares sobre el que ha sido construida esta entrega. Además, para acentuar la continuidad de la que hablo, han esparcido una serie de samplers en forma de llantos, risas, aplausos enlatados, así como algunos diálogos en sueco, que parecen configurar el sonido del disco como si se tratase de un macabro programa de televisión. 

Un detalle curioso del que no podemos dejar de hablar es del lanzamiento en dos ediciones: una en inglés, como estamos acostumbrados, y otra en sueco, que aseguran es la original. Todo suena exactamente igual en una y otra grabación; hay quien dice que la versión en sueco transmite mejor la esencia de lo mágico pero diría que es una observación bastante subjetiva y que dependerá de cada lector y oyente escoger entre ellas; aquí el que escribe lo escucha principalmente en inglés. 

Antes de su salida, ya nos habían dejado dos adelantos: Dignity y Hjärtat vet vad handen gor (el reverso sueco de Heart in hand) que casualmente son las dos canciones más potentes del disco, por lo que no parecen ser las más representativas. No obstante, como el líder de la banda ya ha confirmado otras veces, estos temas los llevan sus representantes, productores y demás miembros de equipo técnico mientras ellos prefieren mantenerse al margen y limitarse a componer e interpretar. Por tanto, la ráfaga de latidos decrece ante las posibles expectativas que pudiesen generar de primeras pero no es algo necesariamente negativo. La balada Lovelorn crime es de hecho la canción que cuenta con el que posiblemente sea el mejor solo del álbum, además de tener algunos arreglos orquestales que aparecerán también en Continuum o la onírica Universal truth. Por otra parte, he contemplado con bastante sorpresa y alegría que una de las canciones más celebradas está siendo The garroter, probablemente el tema más jazzístico del álbum, el cual comienza con un sonido flamenco de guitarra española que se desliza hacia un suave piano hasta romperse en unos teclados “feos”, y digo “feos” con todo el respeto que merecen las disonancias tan bien metidas. The garroter es la nota menos metalera que vamos a encontrar en In cauda venenum y aún así la más oscura, exasperante y casi demoníaca; una pieza no hecha para todo el mundo pero muy disfrutable para aquellos que nos gusta dejarnos sorprender por la música.

Cabe decir que aquellos que se refieren a las tardes nubladas y lluviosas como “día de peli y manta” es porque desconocen la obra de Opeth, pues aquí se presenta un disco sólido para replegarse en la melancolía a la que invitan esos momentos; y es que, desde la propia portada que no hemos llegado a comentar, ya sabemos a qué clase de emociones vamos a exponernos durante los sesenta y siete minutos que dura esta joyita.

Reseña de Javi Stardust

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