Crítica del nuevo álbum de Nick Cave and the Bad Seeds titulado «Ghosteen»

Nick Cave desnuda su cuerpo y alma en este fantástico trabajo Nick Cave and the Bad Seeds que con “Ghosteen” logra llevarnos a lugares increíbles y atraparnos a través de su sonido

Siempre quise ser un Bad Seed. Estar a las órdenes de Nick Cave, que me dejase participar en la construcción de esos mundos que crea a través de su música y que Anton Corjbin reflejase con su cámara el excelente trabajo que habíamos hecho. 

Pues todo esto se cumplió, menos por un pequeño detalle: mi participación en el proceso. Así es la vida. Hacer magia (que no trucos) está solo al alcance de unos pocos elegidos. Yo me conformare con mi admiración eterna hacia el australiano. 

Acaba de presentar junto a sus eternos Bad Seeds «Ghosteen», un álbum doble, denso, complicado pero atrayente como un imán. Una inmersión en el abismo que refleja esa relación de Nick con el mar que empezó a estar muy presente en aquella obra de arte de 2013 titulada «Push the sky away» en la que con canciones como «Mermaids» (su continuación en «Ghosteen» podría ser la sensacional «Leviathan») nos mostraba (muestra) una puerta de entrada a otros mundos o tal vez a su propio interior. 

Temas como «Galleon Ship»(de nuevo el mar), «Sun Forest» o la mitológica «Bright Horses» son teletransportaciones, solo hay que «saber» escucharlas. 

A través de las canciones de «Ghosteen» nos muestra el calvario vivido por la pérdida reciente de su hijo. Busca consuelo o redención, la verdad es que no me queda claro. Esta búsqueda parece lineal, se desgrana un viaje a ninguna parte canción a canción , que a su vez son recuerdos y soluciones inertes en sí mismas. En unas busca la religión como vía, en otras, simplemente anestesia. 

Buscando un posible significado para el título del disco, me encontré con las danzas totémicas, propias de las antiguas tribus del norte de Europa, cuyo objetivo era comunicarse con los espíritus tutelares del clan buscando la fertilidad y la regeneración de la vida. Estas danzas sagradas evocaban el alma animal de la humanidad. Las canciones y la preciosa portada me han conducido a este punto. 

En esta ocasión los Bad Seeds no están «nerviosos», reina la tranquilidad y están capitaneados por Warren Ellis y sus teclados, que una vez más, ha compuesto a medias todos los temas con Nick siguiendo las pautas que prevalecen en sus últimos trabajos. Auténticas bandas sonoras de cine(en varias ocasiones esto es literal) canalizadas por la impresionante voz de Cave. Un trabajo donde predominan la honestidad y las agallas de un artista mayúsculo que se desnuda de cuerpo y alma porque(imagino) siente que es una necesidad vital el mostrarse así. Sin artificios. De hecho, ha sido autoproducido, presentado una semana antes de su publicación y con una campaña básica de promoción. 

Acabo como empecé. Ser capaz de cogerte por el brazo y llevarte a lugares inimaginables solo con SONIDO, para mi es hacer magia. Lo demás son trucos. 

Reseña de Rubén Gómez Postigo

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