Una ingeniosa táctica musical que reduce costes y alarga la vida de tus cuerdas
En el mundo del rock, donde cada detalle cuenta, los bajistas han encontrado un aliado en una táctica que parece sacada de un manual de supervivencia más que de una lista de consejos musicales: hervir las cuerdas del bajo. Aunque a primera vista pueda parecer una idea sacada de un episodio de ‘Supervivientes’, lo cierto es que esta práctica tiene mucho más fondo del que podríamos imaginar. Vamos a desvelar por qué músicos de la talla de Mark King y Geezer Butler han recurrido a esta técnica para sacar partido no solo a sus instrumentos, sino también a sus finanzas.

La alquimia de hervir las cuerdas
La idea, sencilla en la práctica, rompe un poco con las reglas no escritas del buen mantenimiento instrumental. Consiste en llevar agua a ebullición, introducir las cuerdas y dejarlas durante unos diez minutos. El proceso remueve el sudor y la mugre acumulada, devolviendo un poco de vida a las cuerdas y permitiéndoles recuperar ese sonido brillante que tanto se añora. Y si pensamos en el coste de un set nuevo, que ronda los 30 dólares, versus el precio del agua (casi gratis si tienes suerte de una gasolinera cercana), la lógica no se puede negar.
Más que música: ahorrando en lo cotidiano
Más allá del beneficio sonoro, este truco esconde un ahorro económico que va más allá del ensayo y el escenario. Esa cubeta con agua hirviendo puede extenderse también a otras piezas del equipo musical, con resultados igual de sorprendentes. En tiempos donde cada centavo cuenta, cualquier ahorro se convierte en una victoria. Y pensando a largo plazo, estos ahorros pueden ser redirigidos hacia otros gastos inevitables, como el pago del alquiler o la visita a la lavandería.
El lado oscuro del ahorro extremo
Sin embargo, no todo es tan dorado como parece. Las historias de músicos sufriendo dolencias derivadas de este ingenioso truco no son infundadas. El contacto prolongado con metales como el níquel, presente en muchas cuerdas, puede llevar a problemas de salud. Pero, como bien argumentaba Johnny Spreadsheets, la nutrición metálica no es algo del todo descabellado en el rock. A fin de cuentas, ¿qué tienen en común el hierro, el litio y el níquel? Exacto: todos son metales. Y aunque claro, la ironía inherente en esta propuesta es palpable, no deja de ser una opción para quienes se atreven.
Más allá de las cuerdas
Johnny Spreadsheets también nos invita a expandir esta práctica más allá de las cuerdas. ¿Tu guitarra sigue en pie de guerra con un forro de Tolex que apenas soporta el roce? ¿Por qué no intentar hervir alguna parte de ella y ver qué sucede? Al final del día, la industria musical es un campo de pruebas donde la creatividad no solo está en la música, sino también en la gestión de los recursos.
En definitiva, hervir tus cuerdas de bajo es más que una cuestión de ahorrar; es una declaración de ingenio y un testimonio de la astucia que caracteriza a los rockeros de verdad. Y aunque el camino pueda parecer lleno de peligros, para aquellos dispuestos a arriesgar, las recompensas –en forma de unas pocas monedas más para el bote del ahorro– pueden valer la pena.
Reflexiones finales
Quizá en unos años, cuando tus manos hayan resistido la prueba del tiempo y el desgaste metálico, puedas mirar atrás y sonreír al recordar cómo hervir tus cuerdas se convirtió en un pequeño salvavidas financiero. Y es que, en la vida, a veces las soluciones más insólitas acaban siendo las más efectivas.
