Festivales de Rock y Metal

Mad Cool Festival 2023: un cierre de rock y nostalgia

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crónica 4 dia mad cool 2026

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Mad Cool cierra su décimo aniversario con Nick Cave, Pulp, David Byrne y The Black Crowes

El décimo aniversario de Mad Cool Festival llegó a su final con una cuarta jornada que, esta vez sí, miró con bastante claridad hacia el rock, los sonidos clásicos y las propuestas con más peso escénico. Tras cuatro días de música y más de 200.000 asistentes, el festival bajó el telón con 48.000 personas en el recinto y una programación encabezada por Nick Cave & The Bad Seeds, Pulp, David Byrne y The Black Crowes.

Después de jornadas más repartidas entre pop, electrónica y sonidos alternativos, el último día dejó una sensación especialmente agradecida para quienes buscaban guitarras, personalidad, legado y conciertos con fondo. No hablamos de una noche de rock en sentido único, porque Mad Cool siempre juega a varias bandas, pero sí de un cierre donde los artistas más veteranos y con más oficio marcaron el pulso de la jornada.

La última noche tuvo algo de celebración, pero también de despedida elegante. Nick Cave llevó la intensidad a un terreno casi espiritual, Pulp convirtió su regreso a Madrid en un reencuentro cargado de carisma, David Byrne demostró que la originalidad no tiene fecha de caducidad y The Black Crowes pusieron el atardecer en clave de rock and roll clásico. No está nada mal para cerrar un aniversario.

Nick Cave & The Bad Seeds: oscuridad, intensidad y una banda en estado de gracia

Nick Cave & The Bad Seeds llegaban como uno de los grandes reclamos de la noche y respondieron con un concierto de esos que no necesitan demasiadas explicaciones. La oscuridad, la intensidad y una banda perfectamente conectada con cada movimiento de Cave construyeron una actuación que fue mucho más allá del simple repaso de canciones.

Nick Cave tiene esa rara capacidad de convertir un escenario enorme en algo casi íntimo. Puede estar ante miles de personas y aun así dar la sensación de estar cantando directamente a cada una de ellas. Su presencia es magnética, pero nunca gratuita. Cada gesto, cada mirada y cada interpretación parecen formar parte de una tensión cuidadosamente medida.

Respaldado por The Bad Seeds, el concierto alcanzó una dimensión muy especial. La banda sonó precisa, densa y completamente al servicio de ese universo entre lo oscuro, lo solemne y lo emocional que Cave maneja como pocos. Clásicos como “O Children” y “Red Right Hand” resonaron con especial fuerza, antes de un cierre emocionante con “Into My Arms”.

Fue uno de los grandes momentos de la jornada y, seguramente, uno de esos conciertos que muchos asistentes recordarán cuando se hable del décimo aniversario de Mad Cool. No por fuegos artificiales ni por golpes de efecto, sino por algo bastante más difícil: verdad escénica.

Pulp y Madrid: un reencuentro con historia

Madrid y Pulp tenían una cita pendiente tres décadas después, y el reencuentro estuvo a la altura. Jarvis Cocker tomó el escenario con esa naturalidad tan suya, entre elegante, irónica y completamente singular, demostrando que pocas figuras del pop británico tienen un carisma tan reconocible.

Pulp no necesitan sonar como una banda de rock convencional para tener una fuerza enorme en directo. Su mundo funciona desde el contraste: baile, melancolía, relato, teatralidad y esos pasajes instrumentales con aire cinematográfico que van envolviendo al público poco a poco.

El concierto avanzó como un recorrido lleno de matices, con momentos de emoción y otros de intensidad más festiva. Jarvis manejó los tiempos con oficio, apoyado en una puesta en escena elegante y en una colección de canciones que siguen teniendo una identidad muy particular.

Lo de Pulp fue una de esas actuaciones que recuerdan que el rock alternativo británico también se construyó desde la inteligencia, la ironía y la observación social. Y en un festival tan grande, ese tipo de personalidad se agradece muchísimo.

David Byrne: precisión, movimiento y memoria de Talking Heads

Si hubo una propuesta cuidada al detalle en esta última jornada, fue la de David Byrne. Su concierto funcionó como una pieza en la que música y lenguaje visual avanzaban juntos, sin que nada pareciera colocado al azar.

Byrne lleva décadas demostrando que se puede ser accesible, extraño, bailable y artístico al mismo tiempo. En Mad Cool volvió a jugar con esa idea, construyendo un directo preciso, original y lleno de personalidad. Cada movimiento formaba parte del conjunto, cada elemento visual acompañaba a la música y cada canción parecía pensada para ocupar un lugar concreto dentro del espectáculo.

El repertorio conectó también con los seguidores más nostálgicos gracias a la recuperación de algunos temas emblemáticos de Talking Heads. Y, como era de esperar, uno de los grandes momentos llegó con “Psycho Killer”, convertida en un punto de comunión total en el escenario Orange.

David Byrne no ofreció simplemente un concierto de canciones conocidas. Ofreció una experiencia escénica con identidad propia. Y eso, en tiempos de directos cada vez más previsibles, sigue siendo una rareza muy valiosa.

The Black Crowes: rock and roll al atardecer

The Black Crowes pusieron sobre la mesa el tramo más claramente rockero de la jornada. Su actuación tuvo todo lo que uno espera de ellos: riffs con sabor clásico, ritmo, elegancia sureña y una banda que sabe exactamente cómo debe sonar el rock and roll cuando se toca sin complicarlo demasiado.

La voz de Chris Robinson volvió a ser uno de los grandes motores del concierto, perfectamente acompañada por la guitarra de Rich Robinson. Esa conexión entre hermanos sigue siendo el corazón de la banda, y cuando ambos encajan, The Black Crowes se mueven con una naturalidad que pocas formaciones actuales pueden imitar.

El concierto estuvo sostenido por buena parte de su repertorio más emblemático, buscando esa conexión directa con un público que sabe lo que va a encontrar en ellos: rock clásico, oficio, groove y canciones pensadas para sonar al aire libre con el sol cayendo.

En una edición tan variada como esta, The Black Crowes aportaron algo imprescindible: el placer de escuchar una banda de rock and roll haciendo lo suyo, sin necesidad de disfrazarlo de otra cosa.

Kasabian convierten el recinto en una fiesta británica

Tras su paso por el festival en 2018, Kasabian regresaron a Mad Cool con un concierto muy enfocado al impacto inmediato. La banda británica tiró de una batería de éxitos y convirtió su actuación en una fiesta de guitarras, bases contundentes y estribillos diseñados para levantar al público.

Sergio Pizzorno ejerció de maestro de ceremonias ante una audiencia completamente entregada. Canciones como “Club Foot”, “Fire”, “Underdog” y “L.S.F.” desataron algunos de los momentos más intensos de la jornada.

Kasabian no vinieron a buscar sutilezas. Vinieron a mover al personal, a encender el recinto y a recordar que su fórmula sigue funcionando muy bien en festivales grandes. Y cuando el repertorio acompaña, pocas cosas hay más efectivas que una banda británica con canciones pensadas para ser coreadas por miles de personas.

Matt Berninger: elegancia oscura y presencia magnética

Otro de los nombres interesantes de la jornada fue Matt Berninger. El cantante y compositor tomó el relevo después de Jalen Ngonda, que había inaugurado el día con una propuesta de soul apoyada en una banda impecable.

Berninger ofreció un concierto de sonido envolvente y presencia magnética, combinando canciones de su carrera en solitario con temas de The National. Su forma de estar sobre el escenario tiene mucho que ver con la contención, la intensidad interna y esa elegancia oscura que también define buena parte del universo de su banda principal.

No fue el concierto más explosivo del día, pero sí uno de los que aportaron profundidad a la jornada. En medio de una programación con nombres muy grandes, Berninger defendió su espacio desde la personalidad y la emoción contenida.

Los escenarios Mahou también tuvieron rock desde primera hora

Los escenarios Mahou Cinco Estrellas y Mahou Reserva completaron la última jornada con varias propuestas interesantes dentro del mapa más guitarrero del día.

Bad Tomato, desde Portugal, y Break The Senses, desde Málaga, ambos ganadores de Mad Cool Talent by Vibra Mahou, fueron los encargados de activar al público desde primera hora con dos propuestas marcadas por la energía del rock. Ese tipo de presencia siempre viene bien en un festival de estas dimensiones, donde los grandes nombres suelen llevarse todo el foco, pero los escenarios pequeños ayudan a mantener vivo el pulso de la jornada.

Por estos espacios también pasaron nombres como Persia Holder, TTSSFU, The Reytons, Overpass y Supermodel*, reforzando una programación diversa y con vocación internacional. El cierre quedó en manos de Yulie y KSAL, representantes de Mad Cool DJ Talent by Vibra Mahou, que despidieron el festival desde el terreno electrónico.

La electrónica quedó en segundo plano para nuestro foco

La última jornada también tuvo un espacio destacado para el techno en The Loop by Iberdrola, con Nina Kraviz y Richie Hawtin llevando la energía del club al recinto. AEREA y Luxi Villar completaron la representación electrónica con propuestas propias.

Fue una programación de peso dentro de su estilo, pero en una noche marcada por Nick Cave, Pulp, David Byrne, The Black Crowes y Kasabian, nuestro foco estaba claramente en otro lado. Mad Cool cerró con una jornada amplia, sí, pero el relato principal para nosotros estuvo en los artistas que hicieron del escenario algo más que una sucesión de canciones: un espacio de carácter, historia y directo.

Un cierre con sabor clásico para una edición de aniversario

La cuarta jornada de Mad Cool Festival 2026 puso el broche final a una edición muy especial. Fueron cuatro días, más de 200.000 asistentes y una celebración de décimo aniversario que volvió a demostrar la capacidad del festival para reunir públicos muy distintos alrededor de una programación enorme.

El último día tuvo un sabor especialmente atractivo para los amantes del rock y los sonidos clásicos. Nick Cave & The Bad Seeds firmaron uno de los conciertos más intensos del festival, Pulp protagonizaron un reencuentro lleno de carisma, David Byrne ofreció una clase de creatividad escénica, The Black Crowes defendieron el rock and roll con oficio y Kasabian convirtieron su directo en una fiesta británica de alto voltaje.

Mad Cool sigue siendo un festival difícil de resumir en una sola etiqueta. Pero cuando una jornada reúne a artistas de este calibre, con tanta historia y tanta personalidad, la lectura es clara: el cierre del décimo aniversario tuvo peso, tuvo elegancia y tuvo guitarras suficientes para dejarnos buen sabor de boca.

Entre la oscuridad casi ceremonial de Nick Cave, el carisma inagotable de Jarvis Cocker, el universo visual de David Byrne y el rock clásico de The Black Crowes, Mad Cool despidió su edición más simbólica con una noche a la altura de las expectativas

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