Mad Cool arranca su décimo aniversario con Foo Fighters al mando y una jornada muy cargada de rock
Mad Cool Festival abrió su décimo aniversario colgando el cartel de sold out y reuniendo a 57.000 asistentes en una primera jornada que dejó claro algo importante: entre nombres pop, electrónica, propuestas alternativas y artistas de todo pelaje, el rock sigue teniendo un sitio muy serio dentro del festival madrileño.
Y no hablamos solo de la vuelta de Foo Fighters, que evidentemente era uno de los grandes reclamos del día. Hablamos de una jornada en la que hubo guitarras por todas partes, desde el rock alternativo más elegante hasta el punk oscuro, el grunge de nueva generación, el garage, el indie rock con pegada y ese punto de caos controlado que siempre le viene bien a un festival de estas dimensiones.
Mad Cool estrenaba edición especial, escenarios renovados y una distribución pensada para hacer más cómoda la experiencia. Pero más allá de pantallas, accesos, patrocinadores y demás maquinaria festivalera, lo que nos interesa aquí es la música. Y en ese terreno, el primer día dejó bastante miga para los que seguimos pensando que un buen riff, una banda con actitud y un directo con verdad siguen siendo argumentos más que suficientes.
Foo Fighters: el gran reencuentro con el público español
La vuelta de Foo Fighters a España, de nuevo dentro de Mad Cool Festival, era uno de esos momentos marcados en rojo para muchos asistentes. Dave Grohl y los suyos no necesitaban demasiadas presentaciones. Salieron a hacer lo que mejor saben: levantar un escenario enorme a base de canciones, oficio y una conexión con el público que pocas bandas de su generación manejan con tanta naturalidad.

El renovado Stage 1 Region Of Madrid ayudó a que la experiencia fuera todavía más grande, con pantallas de mayor formato y una propuesta audiovisual a la altura de un cabeza de cartel de este tamaño. Pero lo importante estuvo en el centro: la banda sonando compacta, Grohl ejerciendo de maestro de ceremonias y un repertorio que mezcló material reciente con clásicos que ya forman parte de la memoria colectiva del rock moderno.
Temas como “Everlong” o “Learn to Fly” volvieron a funcionar como auténticos puntos de unión entre generaciones. Porque esa es una de las grandes virtudes de Foo Fighters: pueden sonar enormes sin perder ese aire de banda de colegas tocando fuerte, sudando y disfrutando. En un festival donde todo tiende a ser cada vez más grande, más visual y más calculado, ellos siguen ganando cuando parecen simplemente una banda de rock haciendo ruido del bueno.
Wolf Alice y The War on Drugs: emoción, guitarras y clase
Otro de los nombres importantes para el público rockero fue Wolf Alice. La banda londinense llegó con “The Clearing” bajo el brazo y confirmó que atraviesa un momento especialmente sólido. Ellie Rowsell volvió a demostrar esa capacidad tan suya para moverse entre la fragilidad, la intensidad y la electricidad sin que nada parezca forzado.
Su concierto tuvo espacio para el salto, para la melodía y para ese punto emocional que tan bien manejan. “White Horses” sonó con músculo, mientras que “Don’t Delete the Kisses” volvió a demostrar que el grupo sabe construir canciones capaces de crecer en directo sin perder sensibilidad. Wolf Alice no son solo una banda alternativa con buenas canciones; son ya una realidad muy firme dentro del rock británico actual.
Por su parte, The War on Drugs puso la banda sonora perfecta para el atardecer en el escenario Orange. Lo suyo fue otro tipo de viaje: guitarras expansivas, capas de sonido, medios tiempos que van creciendo poco a poco y esa sensación de carretera infinita que Adam Granduciel y los suyos manejan como pocos.
No fue un concierto de impacto inmediato ni de fogonazo fácil. Fue más bien una actuación para dejarse llevar, con la banda construyendo un muro sonoro elegante, envolvente y lleno de matices. En un festival de grandes estímulos, The War on Drugs jugaron otra liga: la de los conciertos que no necesitan gritar para quedarse dentro.
The Last Dinner Party, The Warning y Palaye Royale: nuevas formas de entender el rock
Uno de los bloques más interesantes de la jornada estuvo en esa zona donde el rock mira hacia adelante sin pedir permiso. Ahí aparecieron The Last Dinner Party, The Warning y Palaye Royale, tres propuestas muy distintas entre sí, pero con algo en común: todas entienden el escenario como un lugar donde tiene que pasar algo.

The Last Dinner Party debutaron en Mad Cool con esa mezcla de teatralidad, elegancia y precisión que las ha convertido en una de las bandas más comentadas de los últimos tiempos. Su repaso por “From The Pyre” y “Prelude To Ecstasy” dejó claro que no estamos ante un simple fenómeno de temporada. Hay canciones, hay imagen, hay personalidad y, sobre todo, hay una idea de banda muy bien definida.
The Warning volvieron a demostrar que la química entre hermanas funciona de maravilla cuando hay canciones y actitud detrás. Lo suyo fue directo, físico y con esa energía que no necesita demasiados adornos. Una banda que cada vez pisa escenarios más grandes y que sigue dando la sensación de estar en plena subida.
Y luego estuvo Palaye Royale, que aportaron el punto más salvaje y desordenado de la tarde. Remington Leith tardó poco en ganarse al público, mezclando carisma, descontrol y una puesta en escena que parece diseñada para dejar imágenes potentes. No será la banda más pulida del mundo, pero precisamente ahí está parte de su encanto: en ese caos divertido que recuerda que el rock también tiene que tener algo de peligro.
The Loop by Iberdrola: punk, soul, rock noventero y guitarras para bailar
El escenario The Loop by Iberdrola reunió algunas de las propuestas más variadas del día, pero también varios momentos muy disfrutables para quienes buscaban guitarras y actitud.
Jehnny Beth abrió el escenario con una descarga oscura, intensa y muy física. Su forma de entender el punk tiene algo de ritual, algo de confrontación y mucho de presencia escénica. No fue una actuación cómoda ni complaciente, y eso siempre es buena noticia cuando hablamos de directos con personalidad.
Después, The War and Treaty llevaron otro tipo de energía al recinto, mezclando soul, góspel y americana con las voces de Michael y Tanya Trotter como gran motor. No es rock en sentido estricto, pero sí tiene esa raíz emocional y esa fuerza de directo que conecta muy bien con públicos acostumbrados a bandas de verdad sobre el escenario.
Uno de los momentos más comentados llegó con Dogstar, inevitablemente rodeados de curiosidad por la presencia de Keanu Reeves al bajo. Pero la banda supo ir más allá del reclamo inicial. Su sonido noventero, sus guitarras y su forma de tocar sin grandes aspavientos terminaron funcionando mejor de lo que algunos podían esperar. No vinieron a reinventar nada, pero sí a defender un directo honesto y con buen gusto.
El cierre de The Vaccines fue otra historia. Canciones como “If You Wanna” o “I Always Knew” están hechas para entrar rápido, mover al personal y recordar que el indie rock británico también tiene su lado más inmediato y festivalero. Una banda que sabe perfectamente dónde está, qué tiene entre manos y cómo activar a una audiencia que quiere corear sin demasiadas complicaciones.
Hot Wax, Hot Milk y Villanelle: guitarras jóvenes y espíritu de garaje
Dentro de las mejoras del festival, los escenarios Mahou Cinco Estrellas y Mahou Reserva también sirvieron para tomar el pulso a bandas que se mueven en terrenos más pequeños, pero no por ello menos interesantes.
Hot Wax y Hot Milk aportaron rock alternativo, energía joven y esa sensación de bandas que todavía pueden crecer mucho si encuentran el escenario y el momento adecuado. En festivales gigantes, estas propuestas pueden quedar algo escondidas entre grandes nombres, pero son precisamente las que ayudan a que el cartel respire y no dependa solo de los cabezas de cartel.
También destacó Villanelle, la banda de Gene Gallagher, que recuperó parte del espíritu grunge con una actuación cargada de actitud. Evidentemente, el apellido genera curiosidad, pero lo importante es que la banda presentó una propuesta con guitarras, suciedad y ese aire de juventud insolente que tan bien le sienta al rock cuando no intenta parecer demasiado perfecto.
Bigger Splash: Arde Bogotá juega en casa, pero con sorpresa
Mad Cool también se guardó una sorpresa con la aparición de Arde Bogotá bajo el nombre de Bigger Splash. Un año después de su paso por el festival, la banda regresó en un formato inesperado y más cercano, ofreciendo a sus seguidores una oportunidad distinta para reencontrarse con su directo.
Lo de Arde Bogotá tiene algo muy claro: conectan rápido. Ya sea en formato grande, pequeño, anunciado o sorpresa, el grupo maneja una relación con el público que no se fabrica de un día para otro. Y en una jornada tan cargada de nombres internacionales, su presencia sirvió también para recordar que el rock nacional vive un momento interesante cuando las bandas se atreven a jugar, moverse y no repetir siempre la misma fórmula.
Un primer día con sold out y mucho más rock del que algunos esperaban
La primera jornada de Mad Cool Festival dejó 57.000 asistentes, un recinto funcionando a pleno rendimiento y una sensación clara: el aniversario arrancó fuerte. Pero desde nuestra trinchera rockera, lo más interesante fue comprobar que las guitarras tuvieron un peso real dentro de la programación.
Foo Fighters fueron el gran golpe sobre la mesa, sí. Pero alrededor hubo mucho más: Wolf Alice confirmando nivel, The War on Drugs construyendo paisajes sonoros, The Warning creciendo a pasos firmes, Palaye Royale montando su propio circo eléctrico, Dogstar defendiendo su rock noventero, Jehnny Beth metiendo oscuridad y tensión, The Vaccines tirando de himnos inmediatos y una buena colección de bandas jóvenes empujando desde escenarios secundarios.
Mad Cool es muchas cosas a la vez, y precisamente por eso a veces cuesta leerlo desde una sola perspectiva. Pero este primer día dejó claro que, cuando el festival mira al rock, todavía sabe hacerlo con nombres grandes, propuestas interesantes y espacio para descubrir. Y eso, para los que seguimos entrando a los recintos buscando guitarras, sudor y canciones con pegada, siempre es una buena noticia.
El jueves 9 continuará la programación con nombres como Florence + The Machine, Jennie, Lorde, Teddy Swims, Zara Larsson o Renée Rapp. Otra jornada distinta, más abierta a otros sonidos, pero con Mad Cool ya lanzado tras un inicio que tuvo mucho más rock del que algunos querían reconocer.
