Cómo Mikkey Dee dudó hasta aceptar la oferta de Lemmy.
La historia de cómo Mikkey Dee finalmente se unió a Motörhead después de rechazar varias invitaciones durante años es una mezcla de lealtad, amistad y una búsqueda personal de madurez. Para muchos músicos, unirse a una banda de la talla de Motörhead sería un sueño hecho realidad, pero no fue un camino sencillo para Dee.

Retrocedamos a 1986. Mikkey Dee estaba en King Diamond, una banda que había captado su interés no solo por el estilo musical, sino por la camaradería que existía entre sus miembros. Acababan de lanzar Fatal Portrait tras la disolución de Mercyful Fate, abriéndose camino en una escena metalera que bullía de creatividad y competencia. Mientras tanto, Motörhead lanzaba Orgasmatron, un disco que marcó el debut de su formación como cuarteto. En ese momento, Dee recibía las primeras llamadas de Lemmy Kilmister.
¿Por qué entonces decidiría Mikkey Dee no unirse a una de las bandas más icónicas del heavy metal en su auge? Como él mismo explicó a Loudwire, el primer motivo fue su compromiso con King Diamond. «Éramos un grupo de amigos», comentó, describiendo un entorno que valoraba por encima de cualquier cosa.
Pero había otro factor: su percepción de no estar a la altura. «No sentía que me hubiese ganado los galones todavía para unirme a una banda como Motörhead. Era lo suficientemente inteligente como para rechazarlos un par de veces hasta que realmente me uní a ellos», confesó. La humildad de Dee y su capacidad de reconocer sus propios límites le llevaron a concluir que necesitaba más experiencia antes de embarcarse en aquella aventura.
El concierto de King Diamond junto a Motörhead y Destruction por Europa en el 87 reafirmó esa conexión, pero Dee se mantuvo firme en su decisión. El tiempo pasó, y después de cuatro álbumes con King Diamond, llegó el momento de buscar nuevos horizontes. «Ya no me divertía tanto», admitió sobre su salida, lo que lo llevó a colaborar con Don Dokken en su álbum en solitario Up From the Ashes en 1990, junto a músicos de renombre como John Norum de Europe y Peter Baltes de Accept.
La década de los 90 trajo consigo cambios profundos en la industria musical. El auge del grunge puso a prueba a muchas bandas de hard rock y metal, y Dee no fue una excepción. Sin embargo, el espíritu de colaboración y el aprendizaje que experimentó con Dokken fueron momentos clave en su desarrollo profesional. «Fueron los mejores años universitarios por los que pasé», reflexionó.
Pero la historia daría otro giro. Lemmy llamó de nuevo, y el deseo de pertenecer a Motörhead fue más fuerte esta vez. Con el impulso del mismo Don Dokken, quien le aconsejó que aceptara, Dee finalmente dijo sí. «Ahora estoy listo para esos chicos», declaró convencido. Así comenzó su larga trayectoria con Motörhead, en la que participó en 12 álbumes de estudio, desde Bastards en 1993 hasta el último Bad Magic en 2015.
Mikkey Dee nunca se arrepintió de su elección. «Nunca dejaría Motörhead por ninguna banda en el mundo», aseguró con pasión. Sin embargo, el fallecimiento de Lemmy en 2015 marcó el fin de una era. Dee, profundamente afectado, dejó claro que Motörhead no podría existir sin Lemmy. «Nunca, nunca, nunca habrá otro Motörhead», afirmó con solemnidad.
La pérdida de Phil Campbell este mismo año añadió otra capa de tristeza al legado de la banda. Campbell, junto a sus hijos, había mantenido viva la llama del rock con Phil Campbell and the Bastard Sons, y el vacío dejado por su partida es incalculable. El deseo de rendir homenaje a Lemmy y a Phil sigue en el aire, aunque por el momento, solo como una idea. «Hemos hablado de hacer algo grande en algún momento», confesó Dee, quien actualmente está ocupado con Scorpions y su nueva banda, Lex Legion.
A lo largo de los años, Motörhead ha sido más que una banda para Dee, ha sido una parte esencial de su vida. «Pienso en Motörhead, no todos los días, pero casi todos los días», concluyó Mikkey Dee, reflejando una conexión que va más allá de la música.
