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Álbum doble que se convirtió en un clásico del rock, conocido por su mezcla de géneros.

Festivales de Rock y Metal

Crónica del Z! Live Rock Fest 2026

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Tres días de festival en Zamora con grandes nombres y un ambiente inigualable

Z! Live Rock Fest 2026: Zamora mantiene el pulso del metal con una edición cómoda, intensa y muy disfrutable

El Z! Live Rock Fest 2026 volvió a convertir Zamora en una parada obligada para los amantes del rock y el metal. Tres jornadas en IFEZA, mucho calor, una buena colección de bandas nacionales e internacionales y esa sensación que el festival ha sabido construir con los años: aquí se viene a escuchar música, sí, pero también a estar a gusto.

Y eso no es poca cosa.

En una temporada donde los festivales parecen competir por ver quién mete más gente, más pantallas, más nombres gigantes y más agobios por metro cuadrado, el Z! Live sigue apostando por algo que se agradece muchísimo: comodidad. No tengo cifras oficiales de asistencia, pero la sensación fue parecida a la de los últimos años. Había ambiente, había público y había vida en el recinto, pero sin esa presión incómoda de no poder moverte, pedir una bebida o buscar un hueco decente para ver una banda.

Antes de entrar en la crónica por días, toca hablar de uno de los temas que sobrevoló esta edición: la ausencia de TWISTED SISTER. Claro que hubo quien los echó de menos, y entre ellos. Estaban anunciados y era uno de los grandes atractivos del cartel. Pero también hay que poner las cosas en contexto. Lo que se planteaba después, con TWISTED SISTER sin Dee Snider y con Sebastian Bach, no parecía precisamente la mejor solución para nadie.

¿Habría sido ideal encontrar otra banda de gran nombre? Por supuesto. ¿Lo intentó la organización? Todo apunta a que sí. Pero las agendas, los cachés y las fechas en plena temporada de festivales no siempre permiten cuadrar los deseos con la realidad. Al final, el cartel quedó como quedó, y con sus matices, sus huecos y sus sorpresas, nos dejó tres días de música con bastante más chicha de la que algunos podían esperar sobre el papel.

También hubo detalles mejorables. Que el mercadillo quedara fuera del recinto no fue precisamente cómodo. Para muchos, curiosear entre vinilos, CDs, camisetas y rarezas forma parte de la experiencia festivalera, y tenerlo algo apartado le quitaba vida. Aun así, quien tenía ganas de comprar acabó comprando. Mi amigo Pep, de Barcelona, salió de allí con material suficiente como para demostrarlo.

En comida, la oferta estuvo bastante bien. Variada, con opciones para salir del paso y alguna cosa más interesante. La organización, en líneas generales, volvió a estar de diez. Accesos razonables, recinto cómodo, escenarios bien planteados, zonas para descansar, algo de sombra —siempre poca cuando el sol aprieta— y una dinámica que permite ver muchísimas bandas sin volverse loco. No existe el festival perfecto, pero el Z! Live sigue siendo uno de esos eventos donde da gusto pasar tres días.

Y ahora sí, vamos al lío.

Jueves 11 de junio: un arranque con ajustes, variedad y dos pesos pesados al final

El jueves empezó con esa mezcla tan reconocible de ilusión, calor y primeras carreras por ubicarse. El sonido arrancó algo irregular en algunos momentos, quizá por viento, ajustes o simplemente por ser el primer día, pero la jornada fue creciendo hasta dejarnos dos actuaciones de mucho peso: Emperor y Opeth.

Headon y Noah Histeria: primeras cartas sobre la mesa

Abrir un festival nunca es sencillo. Headon tuvieron que enfrentarse a esa tarea ingrata de tocar cuando parte del público aún está entrando, saludando, buscando sombra o revisando horarios. Aun así, dejaron una actuación más que digna, con una propuesta que mezcla heavy, power, elementos sinfónicos y algún ramalazo más extremo.

Después, Noah Histeria ofrecieron una de las propuestas más personales del arranque. Lo suyo no es música de consumo rápido. Tiene capas, técnica, cambios de intensidad y un punto progresivo que encajaba muy bien en un día donde más tarde iban a aparecer Opeth. No fue el concierto más masivo, pero sí uno de esos que dejan claro que hay bandas nacionales haciendo cosas interesantes y con personalidad.

Serious Black, Evil Invaders y Bury Tomorrow: tres formas muy distintas de subir la temperatura

Con Serious Black llegó el power metal melódico. Una banda de esas que funcionan bien a media tarde, con estribillos reconocibles, melodía y oficio. No cambiaron la vida a nadie, pero cumplieron su papel y fueron calentando el ambiente.

El cambio de marcha llegó con Evil Invaders. Los belgas pusieron velocidad, actitud y ese punto de peligro que siempre viene bien en un festival. Speed metal, thrash, riffs rápidos y una sensación de “aquí hemos venido a correr”. Para muchos fueron una sorpresa agradable del jueves.

Bury Tomorrow representaban otra generación y otro lenguaje. Metalcore, energía, mosh pits y una conexión clara con el público más joven. No es una propuesta para todos los paladares dentro del Z! Live, pero eso también forma parte de la gracia del cartel: que no todo suene igual ni busque al mismo tipo de asistente. Su directo fue profesional y bastante más efectivo de lo que algunos esperaban.

Emperor: historia viva en IFEZA

Con Emperor el ambiente cambió. No todos los días se tiene delante a una banda con ese peso dentro del black metal sinfónico. Su concierto fue uno de esos momentos que justifican estar allí, incluso aunque no sean tu banda de cabecera.

La parte final, con material de sus primeros años y la presencia de figuras históricas como Faust y Mortiis, tuvo un valor especial para los seguidores más fieles. Ahí no se trataba solo de escuchar canciones: se trataba de ver una página importante del metal extremo sobre el escenario.

Personalmente, me habría quedado otra hora sin problema. Esa oscuridad, esa solemnidad y esa sensación de estar ante algo poco habitual hicieron de Emperor uno de los nombres propios del jueves.

Opeth: cuando todo encaja

Si el jueves tuvo un claro punto alto para mí, fue Opeth. La banda de Mikael Åkerfeldt ofreció un concierto enorme, de esos que justifican el cansancio, el viaje y hasta las horas de sol acumuladas.

Con Opeth, además, el sonido ya estaba mucho más asentado. Y eso es fundamental, porque su música necesita espacio, claridad y matices. No basta con sonar fuerte. Hay que sonar bien. Y ellos sonaron muy bien.

El repertorio combinó material reciente de “The Last Will and Testament” con piezas muy queridas por sus seguidores. Sonaron “§1”, “§3”, “§7”, “The Devil’s Orchard”, “The Drapery Falls” y una “Deliverance” final que volvió a demostrar por qué es una de esas canciones que crecen todavía más en directo.

Åkerfeldt estuvo en su línea: elegante, irónico, cercano y con esa capacidad de romper la solemnidad sin quitarle peso a la música. Opeth fueron clase pura. Una de las mejores actuaciones del festival.

Delalma y Dragony: cerrar después de gigantes

Después de Opeth, cualquier banda lo tenía complicado. Delalma salieron con la papeleta de mantener la atención tras uno de los conciertos grandes de la edición. La combinación de Ronnie Romero y José Andrëa dio dinamismo al directo, y Manuel Seoane volvió a demostrar que sabe llevar el peso musical de la banda.

Hubo momentos de más fuerza que otros, pero el concierto fue creciendo y acabó dejando buen sabor, especialmente con “Cárcel de Cristal”.

El cierre llegó con Dragony, que aportaron una dosis de power metal más festiva. A esas horas, después de tanta intensidad, su propuesta sirvió como despedida ligera para quienes todavía tenían batería. El jueves terminaba con buenas sensaciones y la impresión de que el festival había ido claramente de menos a más.

Viernes 12 de junio: calor, clásicos y una noche grande para Saxon

El viernes fue, probablemente, el día más redondo para el público más clásico. Heavy metal, hard rock, thrash técnico, nombres veteranos y alguna sorpresa nacional que se llevó buena parte de los comentarios.

También fue el día del calor. Mucho calor. De ese que convierte cada sombra en un refugio y cada paseo entre escenarios en una pequeña prueba de resistencia.

Antes de abrir puertas, el ambiente ya estaba en marcha con las actividades del Metal Town, una iniciativa que me parece un acierto. Que Zamora no sea solo el recinto, sino también bares, acústicos y ambiente por la ciudad, ayuda a que el festival tenga más identidad.

Xeria y Kardinal X: empezar a pleno sol

Xeria abrieron la jornada principal con metal melódico y muchas ganas. Les tocó una hora durísima, pero defendieron bien su propuesta. Marina Sweet llevó el peso vocal con seguridad, y temas como “Una lágrima más”, “Contra las estrellas” o “Fuego” funcionaron bien pese al solazo.

Fue un concierto de esos que quizá habría ganado mucho en otro horario, pero la banda salió reforzada. Sonaron compactos y dejaron claro que tienen sitio dentro de este tipo de festivales.

Kardinal X fueron más discretos. Su heavy metal clásico con algún toque progresivo no terminó de levantar al público, quizá por desconocimiento general, quizá por la hora, quizá porque el calor no invitaba a grandes entusiasmos. Aun así, dejaron una actuación correcta para quien disfruta del heavy tradicional británico.

Burning Witches: heavy metal de manual

Con Burning Witches el recinto ya empezó a coger más cuerpo. Las suizas tienen una fórmula clara: heavy metal clásico, cuero, tachuelas, actitud y guitarras al frente. No vienen a reinventar nada, pero sí a ofrecer un show reconocible.

Courtney Cox aporta presencia y peso a una banda que funciona bien en festival. A mí, personalmente, se me hicieron algo lineales por momentos, pero también es verdad que el calor podía estar afectando a la percepción de todo. En cualquier caso, dieron lo que prometían y el público respondió.

Su Ta Gar: el golpe sobre la mesa

La primera gran sacudida del viernes llegó con Su Ta Gar. Y vaya sacudida.

Los de Eibar celebraban los 35 años de “Jaiotze Basatia” y no se guardaron nada. Salieron con una intensidad tremenda, sin perder tiempo en adornos, y dieron una lección de cómo conectar con un festival desde la honestidad.

Da igual el idioma. Da igual de dónde vengas. Cuando una banda toca así, se entiende todo. Su Ta Gar sonaron fuertes, precisos y con una energía que arrastró al público. “Jo Ta Ke” fue uno de los momentos más especiales del concierto, y la actuación completa quedó como una de las grandes sorpresas de esta edición.

Para muchos, el viernes empezó a ponerse serio con ellos.

Blaze Bayley: corazón, nostalgia y dignidad

Blaze Bayley llegaba con un repertorio muy ligado a su etapa en Iron Maiden, algo que siempre genera curiosidad. Y aquí quiero ser justo: Blaze no está en su mejor momento físico ni vocal, eso es evidente. Pero tiene algo que no se puede fabricar: cariño por lo que hace y una conexión muy honesta con el público.

Sonaron temas como “Lord of the Flies”, “Sign of the Cross”, “The Clansman”, “Man on the Edge” o “Futureal”, y hubo momentos en los que pensé, sin exagerar, que ojalá Iron Maiden sonara así de bien algunas noches en directo.

H.E.A.T: hard rock para quemar zapatilla

Con H.E.A.T no hay trampa. Sabes que vas a tener melodías enormes, estribillos para cantar, actitud ochentera y a Kenny Leckremo convertido en una especie de máquina de cardio con micrófono.

Y aun así, vuelven a funcionar.

“Rock Your Body”, “Dangerous Ground”, “Back to the Rhythm”, “Living on the Run”, “One By One” o “A Shot at Redemption” hicieron que el público se metiera de lleno en la fiesta. H.E.A.T tienen esa capacidad de convertir cualquier recinto en una sesión de hard rock luminoso, sudoroso y tremendamente entretenido.

No buscan profundidad filosófica. Buscan que saltes, cantes y te olvides durante un rato de todo lo demás. Objetivo cumplido.

Saxon: mayores, sí; enormes, también

Y entonces llegaron Saxon.

Hay bandas que viven de su nombre y bandas que siguen defendiendo su nombre cada noche. Saxon pertenecen claramente al segundo grupo. Biff Byford y compañía salieron a demostrar que el heavy metal clásico puede seguir sonando poderoso cuando detrás hay canciones, oficio y respeto por el público.

Sí, se les ve mayores. Faltaría más. Pero siguen dando caña de verdad. Desde nuestra zona, además, sonaron muy bien, con fuerza y claridad. Temas como “Hell, Fire and Damnation”, “Power and the Glory”, “Heavy Metal Thunder”, “Denim and Leather”, “Wheels of Steel”, “Crusader” o “Princess of the Night” fueron cayendo como una colección de argumentos incontestables.

Saxon fueron uno de los grandes triunfadores del Z! Live 2026. Sin necesidad de artificios. Solo heavy metal, actitud y una veteranía que no pesa: sostiene.

Coroner y Ekyrian: técnica y cierre complicado

Después de Saxon, muchos cuerpos ya empezaban a pedir retirada, pero aún quedaba Coroner. Los suizos no son una banda para todos los públicos, pero dentro del thrash técnico son una institución. Su concierto fue sobrio, oscuro y muy bien ejecutado.

No fue una fiesta colectiva, sino una experiencia más cerebral. Para quien entró en su propuesta, fue un lujo.

El cierre del viernes quedó en manos de Ekyrian, con su folk metal de espíritu aventurero. El problema fue el horario. Después de Saxon y Coroner, buena parte del público ya estaba agotada o directamente de camino al sobre.

Sábado 13 de junio: descubrimientos, contundencia y Epica como cierre convincente

El sábado llegó con el cansancio lógico de la tercera jornada. A esas alturas ya no vas igual que el jueves. Mides fuerzas, seleccionas, buscas sombra y empiezas a negociar con tu propio cuerpo.

Aun así, el día dejó varios momentos interesantes y un descubrimiento personal claro: Dominum.

Latzen: les tocó bailar con la más fea

Úlyimo días y a las 4 de la tarde la cosa estaba complicada para los chicosd e Latzen que aún así pusieron todo de su parte para tratar de recargar las pilas de los presentes.


Romanthica: elegancia e impulso para coger carrerilla

La banda barcelonesa tiene una propuesta elegante, con ese punto gótico y melancólico que puede conectar con seguidores de HIM, Sôber, o incluso con ciertos ecos de Héroes en modo cañero

Fue un concierto muy agradable, con clase y con la sensación de que en otro momento con los cuerpos más frescos del personal podrían lucir todavía más. De esos grupos que no necesitan aplastar para convencer. Capaces de crear un ambiente envovlente incluso en horas de sol.

Dominum: mi descubrimiento del festival

Dominum fueron, sin duda, mi descubrimiento del Z! Live 2026.

Su imagen podía generar dudas antes de empezar: máscaras, estética de muertos vivientes, capas, teatralidad y power metal oscuro. Con el calor que hacía, aquello tenía mérito incluso antes de tocar una nota.

Pero el show funcionó. Mucho. De esos conciertos que te hacen salir diciendo: “A estos hay que seguirles la pista”. A estas alturas es complicado conocer todas las bandas de los dsitintos rangos del rock y el metal, pero ¿Cómo se me han podido escapara estos hasta ahora?

Krisiun y Tesseract: dos formas opuestas de intensidad

Krisiun llegaron con una propuesta radicalmente distinta. Death metal brasileño, directo al pecho, sin demasiada decoración. Después de algún detalle poco elegante con el volumen de su prueba durante otra actuación, tocaba demostrar sobre el escenario. Y lo hicieron.

Luego, Tesseract cambiaron completamente el paisaje. Metal progresivo moderno, precisión, atmósferas y uno de los sonidos más limpios del festival. Su propuesta puede hacerse exigente para quien no esté dentro de ese universo, pero técnicamente estuvieron a un nivel altísimo.

Soziedad Alkoholika: contundencia estatal

Soziedad Alkoholika fueron uno de los grandes reclamos del sábado. Pocas bandas estatales tienen una identidad tan reconocible y una capacidad tan clara para levantar al público.

Su mezcla de thrash, hardcore y rabia controlada funcionó muy bien en Zamora. Hubo clásicos, hubo intensidad y hubo una respuesta enorme de sus fans. Puede que no fuera la propuesta más internacional del cartel, ni la más transversal para todo el público del Z! Live, pero su concierto fue muy sólido.

Cuando una banda lleva tantos años y sigue sonando así de compacta, poco más hay que discutir.

Epica: me ganaron por completo

Con Epica lo tengo claro: me encantaron.

Los neerlandeses llegaban con una responsabilidad importante dentro de esta edición del Z! Live 2026, más aún después de todos los movimientos que sufrió el cartel. Y hay que decirlo: respondieron con un show vistoso, bien armado y musicalmente muy convincente.

Simone Simons volvió a demostrar que es una frontwoman de primer nivel, pero Epica no son solo Simone. La banda funcionó como bloque, con Mark Jansen aportando el contraste gutural y con esa mezcla de metal sinfónico, contundencia y melodía que tan bien manejan cuando tienen el día.

El concierto tuvo empaque, buenos visuales y una conexión clara con el público. Es verdad que Epica trabaja con muchas capas, apoyos y elementos pregrabados, algo que siempre puede abrir debate, pero dentro de su propuesta el resultado fue potente y muy disfrutable.

Para mí, fueron uno de los grandes aciertos del sábado. Salí bastante más arriba de lo que esperaba.

Brothers of Metal: fiesta guerrera para mantener la llama

Después llegó el turno de Brothers of Metal, que aportaron una buena dosis de power metal vikingo, coros de batalla y espíritu festivo. Su propuesta no va de sutilezas ni de medias tintas: aquí se viene a levantar el puño, dejarse llevar por los estribillos y entrar en ese juego de mitología nórdica, melodías directas y actitud de celebración.

En un tramo de la jornada en el que el cansancio ya se empezaba a notar, los suecos supieron mantener vivo el ambiente con un concierto pensado para festival. Puede que no sean la banda más profunda del cartel, pero sí tienen muy claro cómo hacer que el público participe y se meta en su universo.

Lèpoka: disculpas por no poder cubrir el cierre

El cierre de la jornada quedó en manos de Lèpoka, pero aquí toca ser honestos: no pudimos cubrir su concierto como nos habría gustado. Después de tres días intensos, calor acumulado, muchas horas de festival y una jornada final especialmente exigente, nos fue imposible quedarnos hasta el último tramo con la atención que una crónica merece.

Y es una pena, porque Lèpoka es una banda que suele funcionar muy bien en este tipo de contextos, con ese folk metal festivo, cercano y pensado para conectar con el público desde el primer minuto. Nos habría gustado contar de primera mano cómo fue ese cierre, pero preferimos no inventar sensaciones ni detalles que no vivimos con claridad.

Así que desde aquí van nuestras disculpas a la banda y a sus seguidores. Queda pendiente para la próxima.

Lo mejor y lo mejorable del Z! Live 2026

El Z! Live 2026 volvió a demostrar que tiene una identidad muy clara. No necesita ser el festival más grande ni el más mediático para ocupar un lugar importante. Su fuerza está en otra parte: comodidad, buen ambiente, cartel variado, organización cuidada y una ciudad que cada vez parece encajar mejor con el evento.

Entre lo mejor, destacaría:

  • La comodidad general del recinto y del FEstival en general
  • La buena organización.
  • La variedad del cartel.
  • El ambiente del público.
  • La sensación de festival cuidado.
  • Actuaciones como Opeth, Saxon, Epica, Su Ta Gar, H.E.A.T, Emperor y Dominum.

Entre lo mejorable, también hay cosas:

  • El mercadillo fuera del recinto perdió presencia.
  • La sombra sigue siendo poca cuando el calor aprieta. Aún así mucho mejor que la mayor parte de los festivales.
  • El sonido no fue igual de bueno en todas las bandas.
  • La caída de TWISTED SISTER dejó una sensación rara en parte del público, aunque la solución no era sencilla.

Dicho esto, el balance general es muy positivo. El Z! Live sigue siendo uno de esos festivales a los que apetece volver. Y eso, después de tantos años de carteles, viajes, recintos, colas, calor y cansancio acumulado, es casi lo más importante que se puede decir.

Zamora sigue teniendo algo especial

El Z! Live Rock Fest 2026 no fue una edición perfecta, pero sí fue una edición fantástica y fiel a su esencia. Hubo conciertos enormes, sorpresas agradables, alguna decepción, calor para regalar y muchas razones para seguir confiando en el festival.

Me quedo con mis Saxon dando una lección de veteranía y con H.E.A.T obligándonos a hacer cardio sin pedir permiso. Con Dominum como descubrimiento personal. Con Epica confirmando que podían asumir un papel importante dentro del sábado. Y con Brothers of Metal manteniendo la fiesta guerrera en la recta final.

Pero, por encima de todo, me quedo con la sensación de que el Z! Live sigue en la pomada. Sigue siendo cómodo, sigue teniendo personalidad y sigue ofreciendo una experiencia muy difícil de encontrar en otros festivales más grandes.

Zamora volvió a responder. El público volvió a estar a la altura. Y el metal volvió a tener allí una casa durante tres días.

Ojalá por muchos años más.

Crónica de Edu B. Fotos de Edu B. Fran Cea y Javier Bragado

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