Foreigner with the 21st Century Orchestra & Chorus, un  trabajo que no sorprenderá a nadie, pero que para los seguidores de la banda es una revisión de sus grandes temas desde un punto de vista nuevo

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Foreigner lanza su “Foreigner with 21ST Century Symphony Orchestra & Chorus”. Debo confesar que, a la vista del título, sentí que me dejaba llevar por alguna que otra reticencia. Ahora que ya he escuchado el disco a fondo, puedo decir que, para el público menos joven, o más conocedor de la trayectoria de la banda, este puede ser un buen disco de recuerdos que, al mismo tiempo arrancan otros recuerdos. La memoria es un juguete complicado, diferente para cada uno, de manera que la experiencia de escuchar estos temas tendrá un gusto más o menos dulce, amargo o insípido, en función de quién suba el volumen hasta unos niveles respetables. Para aquellos que conozcan algo menos a la banda, sus trabajos, el muy determinado estilo en que se encuadran, este puede ser un álbum con el que disfrutar y aprender o, quién sabe, una recopilación de canciones que pasen sin pena ni gloria. La memoria, los gustos y los colores; a eso se reduce todo antes o después.

En mi caso concreto, ni soy joven ni ajeno a los trabajos y trayectoria de Foreigner, me acerqué al disco, como ya he dicho, con un repertorio completo de dudas, prejuicios y traicioneros conocimientos previos. No soy fan del AOR, no me gustan las fórmulas de cortesía, mucho menos en el rock. Dicho esto, no es extraño que continúe diciendo que tampoco soy especialmente aficionado a Foreigner. Y, sin embargo, me metí en el disco a fondo, empecé a escuchar lo que fuera que la banda tuviera que ofrecer y he aquí el resultado.

La primera escucha de Overture me ha recordó inmediatamente el revolucionario Concerto for group and orchestra del grandísimo Jon Lord. Cosa traicionera la memoria. Precisamente fue ella, mi memoria, poco confiable, lamentable y afortunada, la que me llevó hace unas semanas a la celebración del Discópolis de José Miguel López. En esa fiesta se rememoraba la obra de Jon Lord. Desde los tiempos en los que crear una obra para grupo de rock y orquesta suponía un acto de “ahí me las den todas” han pasado ya unos años. Desde los tiempos en los que coger temas ya escritos para guitarras, baterías, bajos, teclados y voces y acompañarlas de agrupaciones clásicas suponía una novedad también han pasado muchas lunas. Los tiempos en los que los Simpson hacían crítica, mofa, befa y cachondeo de esto de las bandas de música clásica siguiendo, entre bostezos, a grupos de rock, también han pasado ya unos días. Desde Raphael hasta Metallica, quién más y quién menos se ha metido en el jardín de los discos y directos con orquesta. Incluso diría que estamos ante una nueva hornada, un renacimiento de este tipo de experimentos. Así, resulta difícil pillar a nadie por sorpresa.

Pero, bien está lo que bien acaba, creo que Foreigner consigue sorprender, aunque solo un poco y solo con su Overture. Eso no es poca cosa, la verdad. Coros, orquesta, muchas cuerdas, mucha percusión, la verdad es que cumple con aquello de hacer que el que escucha se interese por lo que el disco pueda esconder.

Blue morning es Foreigner; cien por cien. Es el mejor Foreigner posible. Sin mayores pretensiones, el piano gobierna, con mano de acero, un tema que suena mucho mejor que el original. Hay que agradecer aquí la labor de la orquesta. Reconozco que he disfrutado la correctísima solidez de una línea de guitarra que crece gracias al trabajo de orquesta y arreglos. “Won’t you see things my way?”… Kind of.

En cuanto a Cold as ice, otra vez me traiciona la memoria: ¿Supertramp? Nonononono. Vuelvo a insistir en el asunto de los arreglos. El original vuelve a verse superado por este corte. La voz suena un poquito más a rock’n’roll que en su día, el ritmo engancha un poquito más, la canción crece mientras los arcos atacan tanto como las púas  y las baquetas. No es poca cosa. Y así nos metemos en Waiting for a girl like you. Un poquito de ambiente, dan ganas de bailar agarrao. Qué le vamos a hacer, se trata de AOR; si te gusta, te gusta.  Poco más que decir. En favor de Mick Jones hay que decir que la idea de juntar a la banda, y conseguir que suene mejor que nunca, es todo un éxito. En favor de la banda, Kelly Hansen y Tom Gimbel incluidos, diré que las voces tienen un aire más solido de lo que he recuperado entre álbumes antiguos y remasterizaciones recientes, como la de 2017 sin ir más lejos. Me gustan los teclados, aunque tampoco soy fan de este sonido en concreto pero, una vez más, suenan muy bien dentro del conjunto.

El debate entre flauta travesera, teclados y guitarra acústica presenta una intro más que interesante para un Say you will que no defrauda. Como tampoco defrauda el aire monacal al comienzo del When it comes to love. Toca balada y, otra vez, Foreigner da justo lo que se espera: una balada. Un poco de karaoke, no exento de sentimiento, para los afortunados que puedan ver este set completo en directo. Fuera teclados y aire parecido en Starrider. Vuelta al sonido monacal, para eso está el coro, en That was yesterday.

Personalmente, el disco se me empieza a volver un poco monótono a estas alturas. Por otro lado, aires del directo, se mantiene un perfil de baladas, ritmos lentos y coros para atacar después con Feels like the first time. Este tema lo he puesto en casa, en el coche, en el trabajo, con personas de edades y características diversas y el resultado es casi siempre parecido: la canción les suena, la conocen, creen que forma parte de la banda sonora de tal o cual película. Si no por ellos mismos, por padres, tíos o abuelos. Por mi parte, este es el tema que menos me ha interesado. Poco añade al original. Algo parecido me sucede con I want to know what love is, más familiar y conocida si cabe, Fool for you anyway y Urgent; poco aporta el hecho de volver a grabarlas con coros, orquesta, y una banda extensa. Sí me gusta el saxo en Fool for you anyway pero, honestamente, poca novedad. ¿Es necesario inventar la rueda en cada álbum? No lo sé pero, en el caso de este disco, está claro que no era el propósito.

Double vision, violines interesantes, aires de rock’n’roll y Juke box hero, con su aire de rock clásico, como dicen los americanos. Ya he mencionado I want to know what love is, último corte y apoteosis final, con un mucho de melancolía.

 En resumen, teniendo en cuenta que el concepto que Foreigner, y muchas otras bandas, defendieron correctamente durante décadas, estamos frente a un disco que revisita una carrera interesante, añade toques de clase, sin alardes, sin cortes particularmente largos, sin que ninguno de los músicos se pierda en virtuosismos que, seguramente aportarían poco al producto final. Creo, ya lo dije antes, que el sonido de la banda, sin contar con orquesta y coros, es de mayor calidad del de discos de otros tiempos y re-mezclas. Me gustan las voces, los teclados y las humildes aportaciones del resto del grupo. Ahora sí, orquesta y coros ponen su granito de arena en un producto correcto que no sorprende pero, como ya dije antes, no creo que ese fuera el objetivo primordial.

También creo, con el debido respeto, que a partir del octavo corte, quien escuche el disco empezará a ser consciente de cómo se repiten las cosas. El conjunto adolece de un recorrido corto, le falta algo de sorpresa, de inesperado, de cambios de ritmo o de registro. Evidentemente, los verdaderos aficionados al AOR y a Foreigner disfrutarán el disco y revisitarán los años en los que tanto se llevaba este estilo. Por mi parte, lo calificaría con un cuatro y medio, justa media entre una calidad de sonido interesante y una sensación de tedio y repetición al llegar al ecuador de la grabación.

Por Miguel Castro

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